domingo, 4 de febrero de 2007

Domingos comunistas

Del mismo modo que hay desayunos informativos en Europa Press, martes literarios en el Palacio de la Magdalena de Santander y viernes de botellón ¿Porqué no hacer domingos comunistas en mi blog? Si bien las tardes dominicales son ya de por sí tristes, con esto quizás lo empeore más aún.

Como bien sabéis, los domingos no hay prensa económica. De modo, que he pensado que no hay mejor día que un domingo para debatir uno de mis mayores conflictos personales: Comunismo o Capitalismo. Me he educado en un ambiente progresista. Sí, así es, aunque a muchos les rechine la palabrita y el significado que aquí utilizo… Creo que se ve por donde voy. Familia, amigos y mi propia mentalidad me han llevado siempre por esos derroteros. Aunque más de uno que no comulgaba con estos ideales me ha puesto los pies en la tierra más de una vez.

La prensa que leo y los comentarios que aquí hago se enmarcan todos dentro de una economía de corte liberal-capitalista como es la nuestra. Existen mecanismos gubernamentales reguladores, pero la base es la del señor Adam Smith. De modo que no creo que esté de más dedicar un día a otras formas de hacer economía...

Amigos míos y conocidos de consideración se han manifestado en contra de la Globalización y demás artilugios y artimañas del liberalismo económico en varias ocasiones. “El capitalismo es lo peor” es una de las frases clave para un joven de la generación de Naranjito, Super Mario y las Tortugas Ninja. Sin embargo, ¿Con qué cara decimos “El capitalismo es lo peor” mientras disfrutamos de las delicatessen de McDonalds? ¿Cómo se nos queda el cuerpo después de correr detrás de los "picoletos" con unas Nike? ¿Cómo es posible que sigamos creyendo que El Corte Inglés es el mejor lugar para comprar regalos a nuestros padres?

Tengo un problema. Los principios del Comunismo a grosso modo me parecen legítimos, pero los placeres que me reporta el capitalismo son demasiado grandes como para ignorarlos. Soy consciente de que esta afirmación es muy reduccionista. De hecho, ni siquiera resume mi modo de pensar. Por ello quiero reflexionar. No tengo nada claro.

En principio, defendería un sistema intermedio. Una Administración pública que gestionase todos los servicios imprescindibles y básicos para TODOS los ciudadanos sin excepción y un sector privado, regulado y vigilado por el estado para evitar abusos, que cubriese servicios alternativos. Pero esto también es reduccionista. Hay muchos peros y componentes que podrían provocar disfuncionalidades ¡¡UNA SOLUCIÓN QUIERO!!

Por ello, los domingos os remitiré a artículos que he encontrado por Internet acerca del debate entre Liberalismo y Socialismo… que no son pocos.

El artículo que va a inaugurar la sección no será el mejor, pero siempre será el primero. Se trata del capítulo 33 del libro titulado La Maquinaria de la Libertad: Una guía al Capitalismo Radical y publicado en 1973. Su idea principal consiste en la afirmación de que una sociedad comunista somete el trabajo de sus individuos hacia la consecución de un único objetivo común, el estado, mientras que un sistema capitalista necesita y acepta que cada persona posea unos objetivos individuales. Señoras y señores, con todos ustedes, David Friedman:

La mayoría de variedades de socialismo asumen, implícitamente, un acuerdo unánime de metas entre los ciudadanos. Todos los integrantes de la sociedad trabajan por la gloria de la nación, el bien común o cualquier otra causa, y todo el mundo está de acuerdo, por lo menos en cierto sentido general, sobre qué es lo que significa esta meta. El problema económico, tradicionalmente definido como el problema de cómo distribuir recursos limitados para diversos propósitos, no existe; la economía se reduce a un problema de "ingeniería" de cómo utilizar, de la forma más eficiente, los recursos actuales para lograr el fin común.

La organización de una sociedad capitalista asume, implícitamente, que diferentes personas tienen metas diferentes y que las instituciones de una sociedad deben permitir la existencia de estas diferencias.

Este es uno de los argumentos detrás del reclamo socialista de que el capitalismo hace énfasis en la competencia, mientras que el socialismo enfatiza la cooperación; esta es una de las razones por las cuales el socialismo aparenta ser, teóricamente, un sistema tan atractivo. Si todos tenemos fines diferentes entonces estamos, en cierto sentido, en conflicto entre nosotros; cada uno de nosotros desea que los recursos limitados sean empleados para alcanzar nuestras metas. La institución de propiedad privada permite la cooperación dentro de la competencia; los miembros de la sociedad intercambiamos recursos los unos con los otros y así logramos que cada uno de nosotros utilice sus recursos lo mejor posible para lograr sus metas, sin embargo el conflicto fundamental entre metas es permanente. ¿Acaso eso significa que el socialismo es mejor? No más allá que el desear un clima soleado signifique que las mujeres deben de siempre utilizar bikinis o que los hombres jamás deban llevar paraguas.

Existe una diferencia entre lo que las instituciones permiten y lo que requieren. Si en una sociedad capitalista todo el mundo está convencido de la conveniencia de un fin en común, no existe ningún impedimento en la estructura de las instituciones capitalistas que prevenga que los ciudadanos cooperen para obtener este fin. El capitalismo permite que existan conflictos de interés, mas no los requiere.

El socialismo no permite los conflictos de interés. Esto no quiere decir que si creamos una institución socialista, todo el mundo, instantáneamente, tenga las mismas metas. El experimento se ha intentado, y la gente no ha tenido las mismas metas. Esto quiere decir que una sociedad socialista funcionaría sólo si todos tuviéramos los mismos fines. Si no todos compartimos la misma meta la sociedad se colapsaría o, lo que es peor, se desarrollaría como lo hizo la Unión Soviética, en una parodia monstruosa del socialismo ideal.

Este experimento se ha intentado varias veces en escalas más modestas en los Estados Unidos. Las comunas que sobreviven comienzan con un mismo fin, ya sea proporcionado por el fervor religioso o un líder carismático. Las que no tienen metas en común, no sobreviven.

He encontrado el mismo error entre los libertarios que prefieren un gobierno limitado al anarco-capitalismo. Un gobierno limitado, dicen ellos, puede garantizar una justicia uniforme basada en principios objetivos. Bajo el anarco-capitalismo, la ley varia en su forma de lugar en lugar, de persona a persona, sujeta a los deseos y creencias irracionales de los diferentes clientes que las diferentes agencias de protección y arbitraje privadas deben servir.

Este argumento asume que un gobierno limitado es creado por una población en que todos, o por lo menos la gran mayoría de sus miembros creen en los mismos principios de la ley justa. Este tipo de población produciría, bajo un sistema anarco-capitalista, la misma uniformidad en la ley ya que no existiría mercado para otros sistemas. Tal como el capitalismo puede acomodar la diversidad de metas individuales, así mismo el anarco-capitalismo puede acomodar la diversidad en el juicio individual sobre la justicia.

Una sociedad objetiva ideal con un gobierno limitado es superior a una sociedad anarco-capitalista en precisamente el mismo modo en el que una sociedad socialista ideal es superior a una sociedad capitalista. El socialismo funciona mejor con gente perfecta que el capitalismo con gente imperfecta; el gobierno limitado funciona mejor con gente perfecta que el anarco-capitalismo con gente imperfecta. Y es mejor ponerse bikini cuando el sol brilla que impermeable cuando está lloviendo. Pero ese no es un argumento válido en contra de utilizar un paraguas.

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